A estas alturas ya ha quedado claro que los políticos son el ?problema? y no la solución: un país envejecido, con mermada natalidad, inmigración poco cualificada, y en el que los profesionales cualificados se van, con una estructura de microempresas y autónomos por obligación, un desempleo que no han sido capaces de resolver en décadas, un paro juvenil inaceptable y una estructura de Estado caótica, desproporcionada, ineficiente y despilfarradora.
Un país poco innovador? un país low cost, poco solvente, con escaso protagonismo internacional. Una forma de gestión política cortoplacista, con improvisación, falta de rigor y corrupción generalizada en partidos políticos ?con frecuencia? liderados por narcisistas con enormes egos que se miran al ombligo a diario?
Y una aparente resignación social, que no es buena compañera de viaje, pues vivir resignado es dejar de tener energía para cambiar las cosas, y las políticas de estómagos agradecidos generadas en países subsidiadores que generan ciudadanos cautivos y dependientes que nunca transforman el futuro, sino que conviven ete
