Lo desconectaron un jueves a las once y quince de la mañana.Murió el sábado a las cuatro de la madrugada.En medio, cuarenta horas y cuarenta y cinco minutos en que su cuerpo se negó a irse...y su fantasma se levantó descalzo, en bata de hospital, a despedirse.Valentín Febres Sanabria fue soldado en Vietnam, estudiante de medicina sin diploma y, durante treinta años, las manos que nadie nombraba en un quirófano de niños. Hasta que una institución decidió que un hombre sin papeles no cabía en el manual, y lo sacó con su vida dentro de una bolsa negra.Ahora el viejaco vuelve. A la selva, a la fonda de Gazcue, a la sala cuatro, al columpio amarillo que se mece solo. Al casillero catorce, donde lo espera una chaqueta azul que nadie pudo descolgar.Una novela sobre la dignidad, la amistad y lo que el olvido no alcanza a borrar....ya nos reuniremos una vez más...