Abra este libro con cuidado: dentro hay una princesa cubista que decide escapar de su propio cuadro, un coche eléctrico abandonado en una carretera que oficialmente no existe, una máquina de escribir con demasiada memoria, un Cervantes rodeado de fantasmas o un adolescente sentado frente al cadáver simbólico del poder y del dinero. Y eso es solo el principio. Aquí hay humor negro, misterio, ternura, mala leche, fantasía, crítica social, ciencia ficción y algún que otro personaje al que convendría no dejar solo mucho tiempo. Cuarenta y ocho relatos breves que entran rápido, pero no siempre salen igual de fácilmente: algunos hacen reír, otros incomodan, otros dejan la sensación de haber abierto una puerta que quizá era mejor no tocar. «Relato 48» reúne voces muy distintas con una misma promesa: ninguna página está aquí para rellenar. Son historias para leer entre trayectos, antes de dormir o cuando uno solo quería echar un vistazo y acaba diciendo: «Venga, uno más». Porque a veces no hace falta una novela entera para perderse; basta con un buen relato, el número adecuado y la curiosidad de seguir leyendo.