El libro del velo reúne una escritura nacida en la intemperie: visiones, silencios, símbolos domésticos y pequeñas epifanías que no buscan imponerse, sino apenas rozar la superficie del mundo. Lejos de cualquier misticismo estridente, estos textos trazan el mapa de un descenso.Un descenso hacia lo mínimo: la arruga de una voz en la arena, un calendario cautivo, un mar que encanece con los años. Aquí el gesto poético no proclama; enhebra. No revela; vela.El autor, marcado por una sensibilidad visionaria y una percepción casi eléctrica de los signos cotidianos, ha ido depurando su lenguaje hasta convertirlo en material leve y punzante a la vez. En estas páginas conviven la nostalgia cósmica y la compra de pan, el cielo constelado y el gato que muerde, el deseo de abrir portales y la necesidad de «hacer pie» en lo real.El libro del velo no es un tratado espiritual ni una confesión autobiográfica. Es un cuaderno de tránsito: fragmentos que registran el paso de una conciencia que aprende a no dejar huella y, sin embargo, permanecer.Un libro para quienes han sentido que el mundo es demasiado visible y demasiado oculto al mismo tiempo.