Lo que un pueblo entierra acaba volviendo por donde menos lo espera.Han pasado dos años desde la noche en que la Orden del Cerval fue detenida en mitad del lago. Del muelle viejo ya no queda nada, Tomás Rivas cumple condena y Valdeniebla intenta convencerse de que la historia ha terminado. Laura Méndez sigue corriendo cada amanecer por el sendero de la orilla, ahora con Arturo, el perro que heredó del viejo Belmonte. Marcos Serrano sigue en el valle, con un expediente disciplinario abierto y una orden clara de su teniente: Valdeniebla está cerrado.Entonces llega una familia de fuera. Irene Salcedo y su hijo Hugo traen una fotografía de los años noventa, una fecha y una pregunta: por qué el nombre de Julián Salcedo aparece en un registro que, oficialmente, ya no existe.Días después, un hombre del pueblo aparece ahogado. No en el Cerval, sino en la Fuente del Sorbín, en el valle de al lado, a kilómetros del lago. Es Braulio Ansorena, el que remaba la barca la noche del ritual.Hugo, espeleobuceador, tiene una explicación que a nadie en Valdeniebla le gusta oír: un lago que recibe agua todo el año tiene que desaguar por alguna parte. Y si el Cerval se vacía por debajo de la montaña, todo lo que se le entregó durante dos siglos ha ido a parar a algún sitio.Con la Guardia Civil de espaldas, una concejala con una obra en marcha sobre la fuente y un pueblo que vuelve a cambiar de tema, Laura y Marcos tendrán que seguir el agua hasta donde nadie ha querido mirar.Lo que el agua devuelve es el segundo libro de Los Misterios de Valdeniebla, una serie de misterio rural con un inquietante giro sobrenatural. Puede leerse de forma independiente, aunque se disfruta más después de El Guardián del Lago.