El lago se está yendo. Y lo que deja al descubierto, nadie quería verlo.Un año después de que la sala de los huesos saliera a la luz, Valdeniebla vive el otoño más seco que se recuerda. El Cerval retrocede semana a semana y deja tras de sí un anillo de barro cuarteado lleno de cosas que el pueblo había dado por perdidas: boyas viejas, una rueda de carro, botas, anzuelos. Los niños bajan a buscar tesoros. Los viejos no bajan.Entonces aparecen nueve ovejas muertas junto a las charcas de la orilla norte, y una niña de nueve años cae en una poza que no debería estar ahí. El veterinario habla de agua mala. El sargento Marcos Serrano, que ha aprendido a no creerse la primera explicación, manda las muestras al laboratorio por su cuenta.Mientras tanto, Laura Méndez recibe una caja de zapatos que perteneció a su abuela Matilde. Dentro está la respuesta a una frase que en su familia se ha repetido durante tres generaciones sin que nadie supiera ya qué quería decir. Porque en el invierno de 1953, con la gripe vaciando las casas del valle, la Orden subió a una barca a una mujer del pueblo. Al amanecer, Matilde Ruiz salió viva del agua. Y nunca contó qué había prometido para volver.Con el lago reducido a un ojo hundido en mitad del valle, una cofradía que oficialmente ya no existe y un tío abuelo que cultiva la única huerta verde de Valdeniebla, Laura y Marcos tendrán que bajar hasta el final: al fondo del Cerval y al fondo de su propia familia.Lo que se promete al agua cierra la trilogía de Los Misterios de Valdeniebla, la serie de misterio rural con un inquietante giro sobrenatural que empezó con El Guardián del Lago y continuó con Lo que el agua devuelve. Se recomienda leer los tres libros en orden.