DENTRO DE CINCO HORAS VERÉ A JESÚS. DIARIO DE PRISIÓN

DENTRO DE CINCO HORAS VERÉ A JESÚS
Editorial:
PALABRA
Año de edición:
Materia
Vidas de Santos
ISBN:
978-84-9061-228-6
Páginas:
312
Encuadernación:
Bolsillo
Disponibilidad:
Disponibilidad inmediata
Colección:
ARCADUZ

18,50 €
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A los 27 años, Jacques Fesch, condenado a muerte por asesinato, vivió una fulgurante conversión en la cárcel. Este libro es su Diario de prisión.

Dentro de cinco horas veré a Jesús". Con estas palabras termina el diario de Jacques Fesch, condenado a muerte y guillotinado el 1 de octubre de 1957, a la edad de 27 años, por haber asesinado a un agente de la policía en la confusión consiguiente a un intento de atraco. Dos meses antes de laejecución, inició en su celda la redacción de un diario espiritual destinado a su hija Veronique, que entonces tenía seis años. Ya sabe que lo han condenado a muerte. Este joven no creyente, de carácter indeciso, vivió en la cárcel una fulgurante y radical conversión a Jesucristo. Fesch nos describe en su "Diario espiritual" la vida de un hombre -su propia vida- que, día tras día, ve aproximarse el último amanecer pero que también, día tras día, se acerca cada vez más a Dios. La inminencia del fi nal da a este testimonio un valor emocionante y un carácter estremecedor.

En este libro, junto al "Diario de prisión" -su parte principal-, se ofrece una biografía escrita por André Manaranche y algunos textos y testimonios que permiten encuadrar y valorar la personalidad y las repercusiones de la vida de Jacques Fesch.

Jacques Fesch nació en 1930 en Saint-Germain-en-Laye, una ciudad cerca de París. Su vida fue la habitual de un joven despreocupado, sin valores y con padres ricos. Fue expulsado del colegio y su vida perdió el rumbo. Se casó y tuvo una hija, pero más tarde los abandonó. Proyectó con unos amigos un atraco para comprar un barco, y en el intento mató a un policía. Fue condenado a la pena de muerte. Murió guillotinado en 1957. Durante su estancia en la cárcel sufrió un proceso de conversión radical que le llevó a un profundo arrepentimiento y deseo de acercarse a Dios, hasta el punto de que, muchos años más tarde, el cardenal Jean-Marie Lustiger, arzobispo de París, llegó a abrir la información preliminar para el proceso de beatificación.