EL TREN DE JAÉN. EL TREN DEL EXTERMINIO 1936

EL TREN DE JAÉN
Editorial:
VARIOS
Año de edición:
Materia
Testimonios espirituales
ISBN:
978-1-7312-8130-2
Páginas:
323
Disponibilidad:
En 10 dias
Cantidad:

12,00 €
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Memoria inédita de Ignacio de Valenzuela y Urzáiz, escrita en 1938 durante la contienda civil y murió de muerte natural poco después de terminar el libro, en noviembre de 1939. Relata la expedición del tren, enviado con presos de Jaén a Madrid, con el fin de incendiarlo a su llegada. En Villaverde se desistió del incendio y los presos fueron fusilados en El Pozo del Tío Raimundo. Su autor, viajero del tren, salvó su vida en el último segundo, alegando que era ciudadano francés, sin serlo. Ahora ochenta años después, Almudena, una de sus nietas, ha digitalizado el manuscrito. Este escrito es memoria histórica pre-franquista. Condenso con sus palabras el momento central la historia: Y pitó la máquina y oímos claramente la voz: ¡Ahora mismo vamos a salir! ¡Montaros ya, eh! Que nos vamos. Y entonces, en aquel momento exacto, es cuando surge mi milagro. Oigo una voz que dice en acento algo extranjero, pero en idioma español: Si hay algún extranjero en el tren, que baje inmediatamente. Me agarré a la nacionalidad francesa y, levantándome con un aire de seguridad enorme, salí del vagón con el hatillo en la mano con grandes voces: ¡Jé suis francais, jé suis francais! Se dirigió al grupo de milicianos que le rodeaba y les dijo: A este camarada le van a custodiar dos Máuseres y me llevaron a la garita guardavías, que estaba a la altura del techo de un vagón. Antes de llegar, me dijeron señalándome unos bidones de gasolina: De buena te has librado, camarada. No creía en aquella magnitud de disparate. Y así transcurrieron cuarenta minutos, y me dijo el guardavía señalándome la dirección: ahí está el tren de regreso. Y lo venir y me llenó el alma un estremecimiento horroroso. ¿Será verdad lo del fusilamiento? Y en medio de esta interrogación volvía un tren, que entraba en una vía a cuatro metros de la caseta en la que yo estaba. Y con un acuciamiento de curiosidad que nunca ha llegado en mí a mayor extremo, metí mis ojos en los vagones que tan despacio iban llegando y ¡con horror vi que un vagón venía vacío! ¡Y vi que venía vacío todo el tren! El tren del exterminio.