EPISTOLARIO. VI. 1918-1924 105316

EPISTOLARIO. VI
Editorial:
NARCEA EDICIONES
Año de edición:
ISBN:
978-84-277-2850-9
Alto:
245mm
Ancho:
160mm
Páginas:
626
Encuadernación:
Cartoné
Disponibilidad:
BAJO PEDIDO A DISTRIBUIDOR
Colección:
FUERA COLECCION
Cantidad:

El Epistolario 1918-1924 es una muestra del esfuerzo ingente por desarrollar, consolidar, dar forma y carácter a la que desde siempre denominó “Obra de Dios”. En este Epistolario, tomo VI de la Edición Crítica de las Obras de San Pedro Poveda, el autor se nos revela como fundador, impulsor y organizador de una Obra que después de su aprobación diocesana en Jaén en 1917, y a pesar de los muchos obstáculos presentados, crecerá de manera imparable, en extensión y en hondura, hasta alcanzar su aprobación pontificia en 1924. El número de cartas conservadas en esta etapa es elevadísimo, alrededor de unas 850, de las que este Epistolario recoge un total de 244, la mayor parte de ellas inéditas. En sus mensajes epistolares, que fluyen al hilo de la vida, asoma a veces su voz más íntima, reveladora de aspectos muy hondos de su personalidad. Esa voz deja entrever una exquisita sensibilidad capaz de percibir necesidades y situaciones de las personas, desde las más básicas a aquéllas de especial fragilidad, como la pérdida de la salud, el fracaso, la incomprensión, la persecución o la injusticia. La correspondencia de San Pedro Poveda ocupa un lugar relevante dentro de su obra escrita. Se trata de un valioso legado de orientación espiritual, formación humana, exposición doctrinal y clave imprescindible para adentrarse en su biografía interior. Numerosas cartas de este epistolario manifiestan la fragilidad del autor en las circunstancias adversas de estos años, empezando por la propia debilidad física y el agotamiento psíquico, que humildemente confiesa a los íntimos; motivados por el trabajo intenso, la enfermedad, la turbación o un cansancio, que nunca deriva en lamento. Confiesa: “Ojalá que sepa aprovecharme de este alimento. Pide salud para mí, pues no paso día bueno, y necesito trabajar mucho”. La voz íntima de Poveda también resuena también a través de su correspondencia, en su silencio; un silencio que según su propia confesión “obedece siempre a algo que no está en mi remediar”; expresión reveladora, dentro de su brevedad, de una actitud personal muy profunda. Provocador también es su silencio para no culpar a nadie; optando por un “callar” heroico ante los ataques, amenazas y descalificaciones por parte de “los de dentro y de los de fuera”.

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