Este poemario habita la frontera entre el bosque tras la lluvia y la habitación vacía. Nace de un pulso entre el estómago y la garganta: allí donde lo visceral se convierte en palabra para no ahogarnos. A través de estos versos, la nostalgia se detiene para convertirse en una instantánea, un refugio donde el recuerdo recupera su nitidez. Son poemas capaces de herir por su transparencia, pero con la calidez de lo que es profundamente humano. Escritos en verso libre, hablan desde mi propia experiencia y son la fotografía también de momentos que todos hemos vivido. No hace falta pedir permiso o ser un experto en literatura para entrar aquí. Se trata de sentir, encogerse y crecer con cada línea. Basta con haber amado, haber perdido y estar dispuesto a mirar la luz que entra por la herida. A veces leemos para que el silencio no tenga la última palabra.