RAFAEL ÁLVAREZ LARA. OBISPO DE GUADIX Y MALLORCA: UN HOMBRE DE DIOS

RAFAEL ÁLVAREZ LARA
Editorial:
OBISPADO DE GUADIX
Año de edición:
Materia
Biografías religiosas
ISBN:
978-84-616-1117-1
Páginas:
360
Encuadernación:
Rústica
Disponibilidad:
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Cantidad:

18,00 €
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Obispo de dos Diócesis Mons. Álvarez Lara fue Obispo de Guadix durante 22 años. Nacido en Castillo de Locubín en 1902, cuando tenía 40 años fue nombrado por el Papa Pío XII para este ministerio pastoral. A él le correspondió restaurar material y espiritualmente una diócesis que había sufrido los horrores de la Guerra Civil. Para ello tuvo que llevar a cabo un intenso programa de actividades no sólo en el campo estrictamente religioso, sino también en el social. Además de crear organismos diocesanos, potenciar el Seminario, difundir la Acción Católica y fomentar las comunidades de vida consagrada, se enfrentó con el enorme paro que en aquellos años había en Guadix. Para ello fundó el Patronato del Sagrado Corazón, que dio trabajo a centenares de personas durante muchos años. Es curioso consignar a este propósito que el famoso escritor Gerald Brenan le dedicó un amplio elogio en su famosa obra “Al Sur de Granada”. Pero la misión de don Rafael no se detuvo en Guadix. En 1965 fue promovido a la sede episcopal de Mallorca, de características totalmente distintas, con un nivel de vida elevado, con una población muy superior a la nuestra y con el ambiente y la problemática propia de una zona eminentemente turística. A ello se añadió la puesta en marcha de las disposiciones emanadas del Concilio Vaticano II. Y a esta difícil tarea dedicó siete años, dejando una profunda huella en aquella importante diócesis. Finalmente, concedida su jubilación por la Santa Sede en 1972, por razón de su estado de salud, se retiró a Almería, donde llevó una vida de recogimiento hasta la hora de su muerte, ocurrida el 15 de diciembre de 1996. Su vida, a lo largo de 94 años, se caracterizó por su profunda fe, su espíritu de oración y su entrega total al servicio de la Iglesia, con una atención especial a los pobres. Por todo ello, desde distintos ángulos de la sociedad, ha sido calificado acertadamente como un verdadero “hombre de Dios”.