SAN JUAN XXIII: DICCIONARIO DOCTRINAL. DICCIONARIO DOCTRINAL

SAN JUAN XXIII: DICCIONARIO DOCTRINAL
Editorial:
HORIZONTE
Año de edición:
Materia
Juan XXIII
ISBN:
978-84-96901-40-7
Páginas:
546
Encuadernación:
Cartoné
Disponibilidad:
Disponibilidad inmediata

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Angelo Giuseppe Roncalli fue elegido Sucesor de san Pedro y Obispo de Roma en el cónclave del 28 de octubre de 1958, cuando contaba 77 años de edad.

Tomó el nombre de Juan por amor y devoción a san Juan Evangelista. Hubo quien comentó en su momento que muchos papas se habían llamado así, pero que tan sólo uno llegó a los altares.

Quien afirmó tal cosa, sin faltar a la verdad, no sabía que Roncalli también sería inscrito en el catálogo de los santos de la Iglesia católica. La gracia de Dios se derramó abundantemente en él, y él mismo –desde sus primeros pasos en el sacerdocio, y aun antes- se había propuesto con toda energía, contando con la ayuda de Dios, esforzarse por ser santo como fuera, ¡al precio que sea!...

En efecto, para descubrir un papa con su nombre que fuera santo, tenemos que regresar en la historia a aquellos tiempos en que todos los papas eran santos, porque acababan siendo mártires...

San Juan I (523-526) nació en Populonia. Fue elegido el 13 de agosto de 523, murió mártir de Cristo el 18 de mayo de 526.

El predecesor homónimo de nuestro Santo fue Juan XXII, que estuvo en el Solio pontificio de los años 1316 al 1334.

Dado que Juan XXIII fue elegido con 77 años de edad, la mayor parte de la gente –sobre todo los periodistas, que les gusta especular con todo y hacer sus vaticinios- consideraba que se trataba de “un papa de transición”…

El mismo Pontífice llegó a considerarlo así, cosa que hacía no sin cierta dosis de buen humor… Comprendía que a esa edad, el ser humano ha recorrido ya un largo camino y que, previsiblemente, no le quedan “muchas horas de vuelo”… De ahí que comentara que le cupo en suerte convocar el Concilio y celebrar una de sus etapas, pero que otro sería el que terminaría los trabajos conciliares… Fue Pablo VI, Giovanni Battista Montini, venido de la archidiócesis de Milán, una de las más importantes del mundo.

Ése, en efecto, era el pensar de los hombres... ¡Pero Dios tiene sus planes!... Y Roncalli, que confiaba grandemente en la Providencia divina, y que siempre estaba atento a las inspiraciones de Dios, se sorprendió cuando a los pocos meses de haber iniciado su ministerio pastoral, el Señor le infundió en el alma la inspiración de convocar un Concilio Ecuménico. Idea que maduró largamente, considerándola con detalle…

Así, en un Discurso a los cardenales presentes en Roma en la Basílica de San Pablo Extramuros (25-1-1959) anunció por vez primera la convocatoria del concilio Vaticano II, que fue inaugurado el 11 de octubre de 1962. Igualmente anunció la celebración del Sínodo Romano y la reforma del Código de Derecho Canónico.

De esta forma lo que, algunos habían considerado iba a ser un pontificado de transición, supuso una fuerte y profunda reforma de la Iglesia católica, a fin de disponerla convenientemente a la novedad de los tiempos actuales, para su mejor y más eficaz servicio a la causa del Evangelio (conocido esto con la palabra que el mismo Juan XXIII acuñara: aggiornamento).

Además –como ya consideramos- el Papa Roncalli fue un hombre extraordinariamente sencillo y humilde. Despertaba por doquier la simpatía de las gentes, dado su porte anciano y carácter bonachón.

Por otra parte, su solicitud por el hombre y su dignidad, el reconocimiento de sus derechos más básicos y fundamentales (los derechos humanos) y su compromiso en las relaciones internacionales en favor de la justicia y de la paz, del desarrollo y dignificación de la vida de todos los hombres… le merecieron un reconocimiento universal.

De ahí sus célebres encíclicas, reconocidas universalmente: Pacem in terris y Mater et magistra. El Papa Juan se comprometió de lleno en favor de la paz en el mundo cuando corrían tiempos de profunda preocupación, pues la amenaza de una guerra nuclear devastadora se cernía sobre la humanidad. Ténganse presentes la guerra fría entre el Este y el Oeste, la crisis de los misiles de Cuba…

De ahí que en Italia –y pienso que en el mundo entero- se le recuerda con el cariñoso apelativo de Il Papa Buono («el papa bueno»).

El papa Francisco lo canonizó el 27 de abril de 2014.

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