Nunca comprendí por qué me había quedado sin papá, y nunca conocí a mamá, que también me había abandonado siendo aún un bebé. Y ahora, con solo siete años, mi única compañía era mi triste inocencia y la soledad, mientras papá yacía en un ataúd.
Nunca comprendí por qué me había quedado sin papá, y nunca conocí a mamá, que también me había abandonado siendo aún un bebé. Y ahora, con solo siete años, mi única compañía era mi triste inocencia y la soledad, mientras papá yacía en un ataúd.