La figura de este papa romano (440-461) es un símbolo elocuente de la fuerza adquirida por la Iglesia Católica, en contraste con la decadencia e inestabilidad de la administración imperial en el corazón del siglo v. León es una personalidad relevante, no solo en el interior de la Iglesia, sino en la corte imperial. Por eso, se le encargan misiones delicadas, en medio de una de las cuales le sorprende su elección como sumo pontífice por unanimidad del pueblo y clero romanos. Su consagración debió esperar a su regreso, el 29 de septiembre de 440. Desde ese momento tuvo que afrontar conflictos graves, tanto en el seno de la Iglesia como de la vida civil, que le han valido pasar a la historia con el título de Magno. En la historia de la Iglesia ha sido el doctor de la encarnación del Verbo y el ideólogo del primado romano. A la historia del imperio ha pasado como salvador de Roma ante el ímpetu imparable de los pueblos germanos, personificados por Atila, el caudillo de los hunos. Paralela a su actividad pública transcurre su carrera literaria. Armado con un bagaje cultural de alto nivel, adquirido
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