«Al Dios vivo no se le busca ni se le encuentra desde nuestra zona de confort o viéndolas venir. Se le busca luchando y ganándole la batalla a los poderes y divinidades de este mundo. Nuestro corazón tiene todo el espacio disponible para creer en Él que queramos dedicarle. Todo depende de lo atentos y dispuestos que estemos para detectar y desenmascarar la pretensión tan sibilina, seductora y arrolladora que tiene la vida de convertirse en nuestro propio dios» La fe, aún siendo maravillosa para el que la ha encontrado, no está exenta de peligros y luchas que van apareciendo a lo largo del camino. Romano Guardini nos invita en estas líneas a reconocer las batallas más habituales en la conquista de un amor más pleno, y nos ilumina sobre cómo afrontarlas, mostrando además la intención de un Dios bueno y amante que permite nuestra lucha para favorecer nuestro crecimiento.
